Fecha: 5 de julio de 2020

Estimados y estimadas:

En circunstancias normales, este domingo estaríamos en el Santuario de Lourdes, compartiendo la fe y la buena amistad con la peregrinación diocesana de la Hospitalidad. No ha sido posible. La pandemia ha hecho que se suspendan muchas cosas y, entre otras, esta peregrinación. Por ello, este domingo, con los amigos y amigas de la Hospitalidad de Lourdes, celebramos la Eucaristía en nuestra catedral. Pidamos al Señor, por intercesión de María, la Virgen, que nos fortalezca en la fe y nos haga más disponibles para atender a los enfermos y necesitados.

Precisamente, hemos decidido crear, en nuestra Iglesia diocesana y dentro de la llamada Vicaría de la Caridad, una delegación destinada a la pastoral de la salud y a las personas con necesidades especiales. Será un ámbito de reflexión y de discernimiento para que los cristianos podamos dar la respuesta más adecuada a nuestros enfermos y a quienes tienen necesidades especiales. Esta delegación será también un ámbito de coordinación de realidades ya existentes, como la Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad (FRATER); la Fundación San Joaquín y Santa Ana, formada por chicas y chicos con discapacidad psíquica, familias y voluntarios/as, e integrada por el Club Vaixell, la catequesis especial interparroquial y la Comunidad de Fe y Luz; el Centro de educación especial Tilmar de Montblancy, también, la Hospitalidad de Lourdes, antes mencionada.

En todas estas personas, se detecta la necesidad de acogida y de acompañamiento. La Iglesia debe apoyarlasde manera especial, precisamente por su vulnerabilidad. Hace falta formación en todos los niveles, porque nuestra sociedad suele vivir de espaldas al dolor y al sufrimiento. Y, cuando nos vemos obligados a dar una respuesta a este problema, solemos hacerlo de forma paternalista y sin tener en cuenta las circunstancias de cada persona. Después, siempre surgeninconvenientes, derivados de cada enfermedad. Algunos son insolubles, pero otros se podrían solucionar más fácilmente con una mirada y una comprensión más positiva y realista por parte de todos.

Quiero felicitar de todo corazón las asociaciones y fundaciones cristianas que desde hace años trabajan desinteresadamente para estas personas con necesidades especiales. Sin embargo, hace falta seguir ayudando a afrontar y solucionar sus problemas, y, a la vez, enfocarlos desde una perspectiva cristiana. Conviene mentalizar a nuestra sociedad, a las personas que nos rodean, mediante charlas informativas, publicaciones y otros materiales de información. En cuanto a los afectados, el acompañamiento personal y el encuentro comunitario, ya sea celebrativo o de reflexión, se convierten en sustanciales. Se trata de concienciar a estas personas y a sus familias, para que sepan disfrutar de sus derechos y cumplir con sus deberes. Se trata, en definitiva, de integrar paulatinamente a los enfermos y minusválidos en nuestra sociedad, ofreciéndoles —al mismo tiempo—vivir y disfrutar de aquellas actitudes evangélicas que iluminan el corazón, aportan sentido y esperanza y alientan ante las dificultades. Así, se harán realidad las palabras del poeta Miquel Martí i Pol, también minusválido, que abarcan nuestro más preciado deseo: «Con pasos lentos y a vecesindecisos. Así, y no de otra manera, podemos crecer y asumir el crecimiento».

Vuestro.