Fecha: 12 de julio de 2026
Quiero expresar mi apoyo claro, filial y episcopal al papa León XIV ante las medidas tomadas después de las ordenaciones episcopales realizadas por la Fraternidad San Pío X sin mandato pontificio. No es un problema de ritos o de sensibilidad litúrgica. Es un problema de comunión. Y, cuando la desobediencia es empeñada en una materia que toca la unidad visible de la Iglesia, es también una herida espiritual grave.
El argumentario de la Fraternidad Sacerdotal Sant Pío X parte de un diagnóstico falso. Como si la Iglesia hubiera dejado de ser católica después del Vaticano II y sólo ellos conservaran la fe íntegra. Esa pretensión es insostenible. El Concilio Vaticano II fue un concilio legítimo de la Iglesia católica, celebrado en comunión con el Papa y el colegio episcopal. Debe estudiarse, interpretarse y aplicarse con fidelidad, pero lo que no se puede hacer es negar su legitimidad y convertir una lectura privada y anquilosada de la Tradición en tribunal contra la Iglesia viva. Criticar o culpabilizar al Concilio Vaticano II o al Papa es fruto de la ignorancia y un error grave.
También es falso decir que se defiende la Tradición rompiendo la comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma. La Tradición católica no es arqueología selectiva, ni un reloj detenido en el tiempo de la historia, ni nostalgia combativa. Incluye la Escritura, los sacramentos, los Padres, los concilios, el Magisterio y la sucesión apostólica vivida en obediencia eclesial. Sin comunión con el obispo de Roma, la palabra Tradición queda secuestrada por una ideología. ¿Cómo tendrán «cuidado de las almas» quienes incurriendo en cisma quedan fuera de la Iglesia cuando precisamente ellos dicen que fuera de la Iglesia no hay salvación?
Ningún grupo puede autoproclamarse juez supremo de la fidelidad católica. Ésta es precisamente la tentación cismática y diabólica (porque divide): decir que se defiende la Iglesia mientras se hiere su unidad.
Ser católico no es conservar formas externas, sino vivir en comunión real, afectiva y efectiva con la Iglesia universal asistida siempre por su Señor hasta el fin de los tiempos. La verdadera fidelidad a Jesucristo no camina contra el Papa. Camina con Pedro.


