Fecha: 8 de noviembre de 2026

Martin Scorsese es un director de cine que, cuando era niño y veía las imágenes de mujeres y hombres santos en las vidrieras de la catedral de San Patricio en Nueva York, se hacía la misma pregunta que nos hacíamos muchos de pequeños al entrar en las iglesias. Pregunta que también  debería inquietar a nuestro tiempo: ¿qué es un santo?

En la madurez de su vida, Scorsese se ha atrevido a producir una serie titulada The Saints. En ella presenta a Juana de Arco, Francisco de Asís, María Magdalena, Moisés el Negro, Maximiliano Kolbe y otros, como hombres y mujeres atravesados por contradicciones, obligados a tomar decisiones difíciles y que se encontraron con la fuerza transformadora del amor de Jesús.

La santidad no consiste en la perfección, sino en la deificación; en la transfiguración de la vida hasta configurarnos con los mismos sentimientos de Jesús. Es permitir que el Espíritu Santo vaya progresivamente haciendo nuestra vida más semejante a la de Jesús.

Tomarse en serio la santidad no implica prescindir de las pasiones humanas, tan importantes, sino aprender a ordenarlas hacia una meta. No se trata de apagar el deseo, sino de ensancharlo, educarlo y orientarlo hacia Dios y hacia el bien de los demás. No significa dejarse atrapar por el pasado ni condicionar por el presente, sino recibir del futuro que esperamos la fuerza y la orientación.

La santidad da dirección a la existencia. Nos recuerda que nadie ha nacido en vano y que todos estamos llamados a participar de la vida de Dios. Cuando esta afirmación se vuelve experiencia, no nos aleja de nuestra humanidad, sino que nos permite llegar a ser plenamente humanos. La vida de la gracia no destruye la naturaleza, la sana, la eleva y la lleva a plenitud. Todos llevamos dentro algo más grande que nosotros mismos.

El espíritu, el alma y la interioridad del santo reflejan las bienaventuranzas: pobreza de espíritu, mansedumbre, misericordia, limpieza de corazón, hambre y sed de justicia y capacidad de trabajar por la paz. Y la autenticidad de su experiencia espiritual se manifiesta siempre en obras de misericordia.

El santo encarna el Padrenuestro. La santidad consiste en vivir orientados hacia el bien, según la lógica del amor.