La Delegación Diocesana para la Formación y Acompañamiento del Laicado convocó, el sábado 16 de mayo de 2026, un nuevo Encuentro del Laicado de la Archidiócesis de Barcelona en el monasterio de Sant Pau del Camp, bajo el lema «Hacia Pentecostés. Una espiritualidad sinodal». El acto, que forma parte del calendario anual de encuentros diocesanos en torno a la fiesta de Pentecostés, reunió a una sesentena de participantes en una tarde de oración, reflexión compartida y celebración festiva.
El encuentro se enmarca en el camino que, desde el Congreso de Laicos de 2020, impulsa un laicado sinodal y presente en la vida pública, en sintonía con el Consejo de Laicos de la Conferencia Episcopal y con el trabajo conjunto de las diócesis catalanas. Este año, la Delegación ha querido profundizar de manera especial en el itinerario sobre la presencia cristiana en la vida pública, invitando al laicado a «pisar el mundo» y a colaborar, desde el Evangelio, en la transformación social.
Celebración del sábado de la Ascensión
La cita, celebrada el sábado de la Ascensión, quiere ser un paso previo y una preparación para Pentecostés, dejando espacio para que las comunidades parroquiales puedan vivir litúrgicamente la solemnidad. Al mismo tiempo, la fecha facilita la participación en un fin de semana en el que, en Barcelona, la festividad de Pentecostés se prolonga durante tres días festivos.
Desde el inicio de la tarde, los participantes recibieron un cuadernillo de trabajo que guió un tiempo de oración interior y reflexión personal a partir de textos escogidos del documento final del Sínodo sobre la sinodalidad. A partir de la lectura y meditación de estos textos, se les invitaba a preguntarse: «¿Qué actitudes y llamadas concretas, a nivel personal y comunitario, recibimos al leer este texto?», favoreciendo así un discernimiento compartido para hacer de la sinodalidad una experiencia real en la vida cotidiana del laicado.
Presencia cristiana en la vida pública
En un segundo momento, el encuentro profundizó en la presencia cristiana en la vida pública a través de una mesa de testimonios. El profesor Josep Otton, docente de secundaria y del ISCREB, subrayó la importancia de la presencia cristiana también en la escuela pública, más allá del ámbito de la escuela concertada. Desde su experiencia, destacó que el testimonio cristiano se expresa sobre todo en los valores y en la manera de relacionarse y educar, así como en la participación en el debate intelectual y en el diálogo entre fe y cultura, aportando pensamiento y criterios a la reflexión colectiva de la sociedad.
Desde el ámbito sanitario, la médica de familia Carmen María Prieto, miembro de la Institución Teresiana, ofreció un testimonio de vida laical comprometida en los diferentes ámbitos en los que se mueve: la familia, la profesión y la vida pastoral. Describió su trayectoria como una vida que busca ser coherente con el compromiso laical, «siempre en búsqueda de servir mejor» y de «estar al día» en el propio compromiso profesional y eclesial, integrando fe y responsabilidad en el día a día.
En tercer lugar intervino María Dolors Fernández Alegre, presidenta de Justicia y Paz, que aportó la mirada de esta entidad eclesial dedicada a la paz y la justicia social. Desde su responsabilidad, presentó el compromiso en la vida pública como la participación en los espacios comunes de la ciudad, no solo en la política en sentido estricto, sino en todas aquellas instancias donde se construye la convivencia. Subrayó los valores cristianos de la esperanza, el amor, la humildad y el perdón, insistiendo en que el perdón es fundamental para superar tensiones y polarizaciones y para poder retomar caminos compartidos. Al mismo tiempo, vinculó la construcción de la paz con una ecología global, que incluye la economía, la manera de consumir, el respeto a la tierra y a los recursos, recordando que la «casa común» pertenece a todos y que su cuidado es condición para una auténtica justicia social.
Finalmente, Montserrat Torrell Faro, farmacéutica que trabaja en la industria cosmética y voluntaria en el Hospital de Campaña de Santa Anna, cerró la mesa con un testimonio marcado por una crisis personal vivida en tiempos de pandemia. A pesar de tener familia, trabajo y estabilidad, su llegada al Hospital de Campaña le abrió una nueva manera de vivir la fe, descubriendo que «Dios es algo más» y que se hace presente de modo especial en el hermano que sufre y en quien es más diferente de la propia realidad. Esta experiencia le ha ayudado a replantearse las prioridades, a relativizar muchas preocupaciones cotidianas y a vivir con una actitud más amorosa, de proximidad y servicio al bien común, con la convicción de no estar nunca sola, sino siempre acompañada por Dios.
Tras el tiempo de testimonios y diálogo, el encuentro culminó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el jesuita José Ignacio García, como momento de acción de gracias y de envío misionero del laicado barcelonés «hacia Pentecostés». La jornada se cerró con un espacio festivo de refrigerio y encuentro fraterno, expresión de una Iglesia que quiere vivir la sinodalidad desde la escucha del Espíritu, el compartir de la fe y el compromiso concreto en medio del mundo.