El Cardenal Omella preside la eucaristía de vigilia y destaca el papel de la Virgen como modelo de esperanza para todos los cristianos
La Basílica de la Virgen de la Mercè ha vuelto a ser, un año más, el punto de encuentro para los jóvenes de la Provincia Eclesiástica de Barcelona en la celebración de la Inmaculada Concepción, una de las festividades más relevantes del calendario litúrgico. Convocados por el Arzobispado de Barcelona, cientos de jóvenes de las diócesis de Barcelona, Sant Feliu y Terrassa participaron en la tradicional vigilia, que este año adoptó la forma de una eucaristía de vigilia.
La celebración contó con la presencia del Arzobispo de Barcelona, Cardenal Joan Josep Omella, que presidió la misa junto al obispo auxiliar Mons. David Abadias, el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Mons. Xabier Gómez, y el de Terrassa, Mons. Salvador Cristau. Entre los concelebrantes también destacó el rector de la basílica, el mercedario P. Fermín Delgado, y el director del Secretariado de Jóvenes del Arzobispado de Barcelona, Carlos Bosch.
Entre los asistentes se encontraba también un numeroso grupo de seminaristas del Seminario Conciliar, junto a su rector Mn. Salvador Bacardit.
María, modelo de esperanza en el Año Jubilar
En su homilía, el cardenal Omella situó la reunión en el marco del Año Jubilar de la Esperanza, evocando las palabras de San Bernardo: “María es toda la razón de mi esperanza”. Destacó que la Virgen es un modelo profundo de esperanza, capaz de sostenerse incluso en los momentos más oscuros, como la noche del Sábado Santo, cuando esperó con confianza la resurrección de su Hijo. El cardenal subrayó que amar a Jesucristo siempre conduce a María, “porque ella es quien nos lo da”, e invitó a los jóvenes a contemplar la escena de la Anunciación como un mensaje personal: “Alégrate, María, llena de gracia. El Señor está contigo”. “Estas palabras —dijo— continúan dirigidas a cada uno de nosotros, recordándonos que Dios está con nosotros, Dios nos ama, estemos donde estemos y vivamos lo que vivamos”.
Una llamada a la humildad y a la misión
Omella animó a los jóvenes a adoptar la actitud de humildad de María y a escuchar la llamada de Dios, que sigue diciéndole a cada uno que cuenta con él para transformar el mundo. Recordó que “lo que realmente importa no es obtener grandes resultados, sino colaborar con amor en la obra de la salvación”, citando al Papa León XIII. También los invitó a revisar su unión con Cristo, especialmente en la oración y en la Eucaristía, y a dejarse enviar como “misioneros humildes y silenciosos, a imagen de María”. “En un mundo marcado por guerras y tensiones, los cristianos están llamados a ser portadores de paz y sembradores de esperanza”, añadió.
La vigilia-eucaristía fue una ocasión privilegiada para compartir la fe, profundizar en el misterio de la Inmaculada y renovar la esperanza bajo la mirada protectora de la Virgen de la Mercè.