Fecha: 7 de junio de 2026
La Solemnidad del Corpus y el Día de la Caridad nos llegan este año en el marco de la visita apostólica del papa León XIV a nuestra tierra. «Alza la mirada», expresa el lema propuesto. Estas palabras, sencillas y a la vez profundas, son una invitación evangélica que atraviesa el tiempo y llega hoy a nuestra realidad concreta, marcada por tantas heridas sociales, pero también por signos vivos de esperanza.
Alcemos la mirada, en primer lugar, hacia Dios. En medio del ruido del mundo y de las preocupaciones cotidianas, corremos el riesgo de quedar atrapados en una mirada baja, centrada solo en las dificultades inmediatas. Pero el Señor nos invita a levantar los ojos, a reconocer su presencia amorosa que sostiene la historia y acompaña cada vida. Solo desde esta mirada teologal podemos comprender el sentido profundo de la caridad: no es solo asistencia, sino participación en el mismo amor de Dios, que se hace cercano, concreto y transformador.
Alcemos también la mirada hacia los hermanos y hermanas que sufren. La pobreza, en sus múltiples formas, no es una realidad lejana, sino que habita entre nosotros. Personas sin trabajo estable, familias que no llegan a fin de mes, migrantes que buscan dignidad, jóvenes sin horizonte, ancianos en soledad. La tentación es acostumbrarnos a ello, normalizar estas situaciones o mirar hacia otro lado. Pero el lema de este año nos sacude: alzar la mirada es ver, reconocer y dejarnos interpelar.
En este contexto, la labor de Cáritas se convierte en un signo profético. No es solo una institución, sino una expresión viva de la comunidad cristiana que ama y sirve. A través de miles de voluntarios y profesionales, la caridad se hace rostro, escucha, acompañamiento y promoción humana. De ahí que no podamos delegar la caridad: todos estamos llamados a vivirla como vocación personal y comunitaria.
Este año, además, vivimos este Día de la Caridad en un momento especial para nuestra Iglesia, con la visita del Santo Padre, el papa León XIV. Su presencia entre nosotros es un estímulo para renovar nuestra fe y nuestro compromiso. El Papa nos recuerda a menudo que una Iglesia auténtica es aquella que sale, que no se encierra en sí misma, que se hace cercana a los pobres y a los descartados. Su voz nos exhorta a ser una Iglesia samaritana, capaz de detenerse ante quien sufre y de ofrecer no solo ayuda material, sino también esperanza y dignidad.
Alcemos la mirada hacia el futuro con esperanza. A pesar de las dificultades, creemos que el bien es más fuerte que el mal, que la luz vence a la oscuridad. Cada gesto de caridad, por pequeño que parezca, es una semilla del reino de Dios. No estamos solos: el Espíritu Santo actúa en el corazón de las personas y en la historia. Que el Día de la Caridad renueve en todos nosotros el compromiso de ser testigos del amor de Dios en medio del mundo.
Vuestro,


