Fecha: 17 de mayo de 2026

Éste es el lema de la Visita Apostólica del Papa León a nuestras tierras dentro de tres semanas. Alzar la mirada es una invitación a mirar más allá de las realidades de este mundo que a menudo nos tienen atrapados. Además, hoy celebramos la solemnidad trasladada de la Ascensión del Señor y ese lema y ​​esta visita del Papa nos pueden ayudar a comprender lo que debe significar para nosotros esta fiesta. Porque la Ascensión también habla de esto: de una humanidad llamada a levantar la mirada, a no quedar atrapada en los horizontes de este mundo, a vivir orientada hacia su verdadera plenitud, que es Dios.

Uno de los primeros escritos cristianos en el siglo segundo, la carta a Diogneto, lo expresa de manera preciosa refiriéndose a los cristianos en el mundo, dice: «Viven en sus patrias, pero como si fueran forasteros. Participan en todas las actividades de los buenos ciudadanos y aceptan todas las cargas, pero como si fueran peregrinos. Toda tierra extraña es patria para ellos, y toda patria les es tierra extraña». Quizás debemos admitir que todavía nos falta bastante camino, y que somos bastante del mundo y poco de Dios. Justamente por eso necesitamos que la Ascensión nos vuelva a levantar la mirada porque el cristiano vive plenamente en medio del mundo, pero sabe que no tiene en él la última palabra, ni el descanso definitivo del corazón.

Por eso la Ascensión del Señor nos recuerda que nuestra patria está en el cielo y que, si hemos resucitado con Cristo, debemos buscar las cosas del cielo: «Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad lo que es de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. Poned el corazón en lo que es de arriba, no en lo que es de la tierra. Vosotros moristeis, y vuestra vida está escondida en Dios con Cristo” (Col 3,1). No podemos vivir amoldados a los esquemas del mundo ni a sus intereses y criterios. Más bien, estando en el mundo, debemos hacerlo fermentar con los criterios y la vida del Reino. Hoy, pues, puede ser un buen día para avivar la llamada que Dios ha puesto en nuestros corazones, la primera vocación de todas, aquella que hemos recibido en el Bautismo y en el don del Espíritu: la llamada a la santidad, que es la unión con Dios.

Ahora bien, buscar las cosas de arriba no significa desentendernos de lo que ocurre aquí abajo. Al contrario. Significa mirar al mundo con los ojos de Cristo. Y cuando lo hacemos, nos damos cuenta de que hay muchas realidades de nuestro mundo muy alejadas y que son totalmente contrarias al Evangelio y al Dios de la vida: las guerras, el aborto, la eutanasia, la precariedad laboral, la falta de vivienda digna, y tantas otras situaciones que afectan a los más frágiles.

Busquemos, pues, las cosas de arriba, sí. Pero no como quien escapa del mundo, sino como quien se une al Señor y aprende a tener sus mismos sentimientos, su misma mirada, para transformarlo como él quiere.