Fecha: 14 de junio de 2026

Siempre que celebramos un cumpleaños es motivo de júbilo, de felicitaciones. Cuando se trata del aniversario de una persona la felicitamos porque celebramos la vida y todos los frutos que ésta ha producido; cuando se trata de una institución civil, cultural o académica, o de un hecho histórico celebramos la inspiración que tuvieron quienes la crearon, que le dieron una estructura y que ha dado sus frutos también.

Y cuando se trata de un hecho eclesial, celebramos la presencia del Señor en su Iglesia, celebramos que se siguen cumpliendo aquellas palabras: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin…” (Mt 28,28). Celebramos la acción del Espíritu Santo que anima y mueve este Cuerpo de Cristo que es su iglesia y del que nosotros somos miembros.

El lunes día 15 de junio celebramos el vigésimo segundo aniversario de nuestra diócesis de Terrassa, y nos felicitamos, sí, porque el Señor que fue inspirador ha estado siempre con nosotros y nos ha bendecido con tantas gracias que ha derramado sobre nosotros durante todos estos años. Por eso, además de felicitarnos, hemos de dar sobre todo gracias a Dios porque él es la fuente de la vida que nos ha dado toda la diócesis de manera tan inmerecida por nuestra parte.

Desde aquel 25 de julio de 2004 en el que tomó posesión el primer obispo de Terrassa, Mons. Josep Ángel Saiz Meneses, no podríamos enumerar aquí los acontecimientos de gracia que el Señor ha hecho descender sobre sus hijos e hijas que vivimos en esta diócesis de Terrassa. Podemos recordar algunos momentos especialmente significativos como fue la proclamación de María, la Virgen de la Salud, como Patrona de la diócesis, la ordenación del obispo auxiliar, la creación del seminario y de los otros organismos diocesanos, la celebración durante el año 2024 del vigésimo aniversario de la diócesis, el nombramiento y entrada del nuevo obispo diocesano, etc.

Éstos pueden ser algunos momentos, algunos, especialmente significativos pero lo más importante es lo que no queda reflejado en ningún reportaje, lo que sólo Dios conoce: la entrega y fidelidad de sacerdotes y diáconos, de los religiosos y religiosas, de los consagrados; los jóvenes y los niños que han recibido la fe a través de los sacramentos,  las conversiones de tantos hombres y mujeres que han querido recibir el bautismo, la belleza de las tantas familias que hacen presente en el mundo el amor infinito de Dios a través de su amor, la oración de los pequeños y de la gente sencilla, los sufrimiento de los enfermos y de los pobres en el espíritu, la gente mayor que nos enseñan con su experiencia, “los santos de la puerta de al lado” como decía el Papa Francisco, y que puedo aseguraros que existen y que son muchos los que he podido conocer durante estos años. En fin, la enumeración sería interminable aunque no lo debe ser nuestra acción de gracias.

Damos gracias a Dios, pero también debemos plantearnos cuál debe ser nuestra respuesta ante tantos regalos del Señor. Cada uno sabe qué es lo que puede hacer o lo que debería hacer, por mi parte os propongo ofrecerle nuestros corazones, nuestras vidas como ofrenda de amor, un pequeño regalo al Señor como agradecimiento por tantos dones recibidos, porque es bueno ser agradecidos, sobre todo si se trata del amor que nos tiene.