Fecha: 30 de agosto de 2026
Queridos diocesanos,
querida Iglesia de Urgell
El verano llega a su fin casi sin darnos cuenta. Los días todavía son largos, pero la luz ya cambia, las escuelas se preparan para abrir sus puertas, muchas familias retoman sus horarios habituales y la vida recupera su ritmo. Hay una cierta nostalgia por los días de descanso que terminan, pero también una invitación a mirar hacia adelante.
La fe nos enseña que Dios es el Señor de los nuevos comienzos. La Biblia está llena de hombres y mujeres que tuvieron que dejar atrás una etapa para iniciar otra, a menudo sin saber qué les esperaba. Abraham deja su tierra, los discípulos dejan las redes, María acoge una llamada inesperada. Todos descubren que Dios no les pide seguridades, sino confianza.
Quizá nosotros también iniciemos un nuevo curso con preguntas, responsabilidades o preocupaciones. Algunos volverán al trabajo, otros comenzarán sus estudios, habrá quienes afronten una nueva etapa familiar o quienes vivan estos días con la carga de la enfermedad, la soledad o la incertidumbre. El Evangelio nos recuerda que no recorremos ningún camino solos. Cristo nos precede y camina a nuestro lado.
El final del verano también es un buen momento para preguntarnos qué queremos sembrar en los meses que vienen. Quizá un poco más de paciencia, más disponibilidad para escuchar, más tiempo de oración, más generosidad hacia quien nos necesita. A menudo los grandes cambios nacen de pequeños gestos realizados con amor y constancia.
No miremos septiembre solo como una vuelta a la rutina, sino como una nueva oportunidad que Dios nos ofrece. Si le abrimos el corazón, cada día se convierte en una página en blanco en la que Él continúa escribiendo su historia de amor con nosotros.
Con esta carta dominical quisiera dar las gracias a todos los sacerdotes que el próximo 1 de septiembre comenzaréis una nueva misión en otra parroquia de nuestro territorio diocesano de Urgell. Os pido, comunidades cristianas, que los acojáis y que recemos por ellos, por su generosa disponibilidad para continuar este camino de evangelización y de misión de anuncio del Evangelio, ya que somos Pueblo de Dios.
Que este final del verano no sea solo un punto final, sino el comienzo renovado de un camino vivido con esperanza, confianza y alegría. Porque cuando Dios camina con nosotros, cada final puede convertirse en el inicio de una vida más plena.
Como intuía mosén Jacint Verdaguer, el corazón humano siempre busca un horizonte más grande que él mismo. Por eso, cuando un verano termina, no es simplemente una estación que dejamos atrás; es una nueva oportunidad para que Dios vuelva a llamarnos, renueve nuestra esperanza y nos haga descubrir que cada comienzo es, en realidad, una nueva muestra de su fidelidad.
Que este final del verano nos encuentre con el corazón abierto y bien dispuesto a acoger los dones que el Señor tiene preparados para nosotros. Emprendamos el nuevo curso con confianza, sabiendo que Él nos precede en el camino y que, si caminamos de su mano, toda nueva etapa se convierte en una ocasión para crecer en la fe, en la esperanza y en el amor.
Con el afecto y la consideración de vuestro obispo y servidor,


