Fecha: 20 de septiembre de 2026

Este domingo, en la Catedral, serán ordenados cuatro diáconos al servicio de la diócesis. Es ciertamente una verdadera alegría que compartimos entre todos los diocesanos. Se trata de cuatro personas con trayectorias y procedencias diversas, pero unidas por el mismo deseo de responder a la llamada de Dios para ser servidores de la Iglesia desde el ministerio diaconal.

El diaconado es un grado del sacramento del Orden Sagrado en la Iglesia, que encuentra sus orígenes en el libro de los Hechos Apóstoles con la institución de los primeros siete diáconos y que ha sido restaurado recientemente por el Concilio Vaticano II como ministerio propio y permanente dentro de la jerarquía eclesiástica. En la narración de su origen en los Hechos de los Apóstoles (Hch, 1-7), los diáconos fueron escogidos para servir en las situaciones de necesidad entre los hermanos de aquella primitiva comunidad cristiana.

A diferencia de los diáconos transitorios que se preparan para el sacerdocio, los diáconos permanentes, que pueden ser hombres casados ​​o célibes, están llamados a servir al Pueblo de Dios principalmente en los ministerios de la Liturgia, la Palabra y la Caridad, en comunión con el obispo y su presbiterio.

En la actualidad, los diáconos permanentes se dedican a la preparación y celebración de los sacramentos del bautismo y el matrimonio, a presidir exequias, predicaciones, catequesis, atención a los enfermos, y asumen las responsabilidades y gestiones que el rector de la parroquia o el obispo les encomienda, sin olvidar que su objetivo originario que sigue siendo la atención a los pobres.

Desde la creación de la diócesis hemos tenido el gozo de ordenar 18 diáconos permanentes, que sumados a los ya existentes hacen un total de 21, algunos de los cuales ya están jubilados pero que siguen colaborando. Actualmente en el camino de preparación existe también un buen número de candidatos que son signo de la vitalidad del diaconado permanente en nuestra diócesis. Sin embargo, hay que reconocer que es un ministerio todavía poco conocido en el conjunto de la Iglesia. Precisamente, los documentos sobre el Sínodo se refieren, entre otras cuestiones, a la importancia de la potenciación del diaconado, dada su realidad y presencia.

Sea como fuere, el hecho de que haya personas que se sientan llamadas por Dios y quieran dar una respuesta de servicio a la Iglesia y los más necesitados es un motivo de gozo y aliento para la vida diocesana, ya que la Iglesia es una comunidad viva con muchas personas y diversos servicios. Y todos somos responsables en el camino del crecimiento personal y comunitario y en el testimonio del amor de Dios.

Encomendamos hoy especialmente en nuestra oración a Quique, Lluis, Pedro y Robert porque a partir de hoy serán ministros de Dios en el servicio y la entrega. Y que la Virgen, nuestra Madre, los siga guiando en su camino de fe y el de sus familias.