Fecha: 28 de juliol de 2026
Coincidiendo con la festividad de san Joaquín y santa Ana, en la que la Iglesia celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores, la Delegación diocesana para el laicado y la familia organizó una eucaristía diocesana que tuvo lugar en la iglesia parroquial de Sant Joan Baptista de Valls. La celebración, que fue presidida por el arzobispo Joan Planellas, contó con la participación de personas mayores de diversas parroquias de la archidiócesis.
Durante la homilía, el Sr. Arzobispo hizo referencia al lema de esta Jornada, «Yo no te olvidaré», asegurando que «antes de que nosotros recordemos a Dios, es Dios quien nos recuerda; antes de que nosotros lo busquemos, es Él quien nos busca; antes que nosotros le amamos, es Él quien nos ama con un amor que no conoce el olvido». En este sentido, ante una sociedad que a menudo olvida a las personas mayores, el arzobispo Joan recordó que «Dios dice a cada uno de nuestros abuelos y de nuestros mayores: “Yo no te olvidaré”».
Por otra parte, el Dr. Planellas aseguró que la vida de las personas mayores «sigue teniendo un valor inmenso a los ojos de Dios: cada arruga es la historia de una fidelidad, cada cabello blanco es un signo de sabiduría, cada sufrimiento asumido con fe es una oración silenciosa que sostiene a la Iglesia». Así, también puso de relieve el papel de los abuelos en la transmisión de la fe: «Cuántas familias han recibido de los abuelos ese legado invisible de la fe, cuántas personas aprendieron la primera señal de la cruz de manos de la abuela, cuántos descubrimos las primeras plegarias sentados junto al abuelo.»
Además, también expuso que las personas mayores «tras una vida entera han descubierto el tesoro escondido que es Cristo mismo». «Han aprendido que lo que realmente permanece no son los logros personales, ni el dinero, ni el prestigio, sino el amor vivido, el bien sembrado, la fe en Cristo que se ha conservado y anhelado toda la familia», añadió. Por este motivo, afirmó que «la Iglesia no considera a los abuelos como personas jubiladas de la fe, por el contrario, la edad madura abre una vocación nueva: ser memoria viva de la fidelidad de Dios».
El Sr. Arzobispo cerró la homilía dando las gracias a los abuelos ya la gente mayor «porque han edificado la comunidad cristiana en la fe, por todo lo que han contribuido en la vida de la Iglesia y por haber sido y aún ser el puntal y el referente de las familias».
Al término de la celebración, se leyó la oración de la Jornada Mundial de los Abuelos y las Personas Mayores y, por último, se ofreció un refrigerio a todos los asistentes.







